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Himno

Era costumbre del creador del Programa de Salud Mental Barrial, el licenciado Carlos Campelo, pedir que en el día de su cumpleaños, en vez de cantar el clásico “cumpleaños feliz” se cantara el himno nacional.

Desde ese entonces, y dentro de lo que son las costumbres de un programa vecinal que va creando sus propias tradiciones, muchas veces se canta el Himno Nacional  en las reuniones generales del programa o en ocasiones especiales del mismo.

Si lo pensamos bien, el Himno Nacional es saludable, al punto que desea “Salud” al pueblo argentino, algo que, a no dudarlo, nosotros también deseamos.

De hecho, quienes desean estudiar las bases y fundamentos del PSMB, que, como se sabe, es un programa muy nutrido y original en lo que hace a la labor de Salud Mental Pública, seguramente verán que, en los escritos en los que se explica la filosofía y ética que permite el emerger de un programa como este, las palabras “Salud” y “Libertad” van muy unidas…igual que en el Himno.

En esos escritos, generalmente realizados por Carlos Campelo, se habla que, siendo la Salud la posibilidad de llevar al máximo la capacidad funcional de un organismo, y siendo que en el plano anímico/mental consideramos que la máxima aspiración (capacidad) humana es la Libertad, podemos decir que es esa Libertad a lo que aspiramos a la hora de vivir saludablemente en dicho plano, así como aspiramos a que, en el plano físico,  el hígado cumpla en pleno su función de tal, al igual que el riñón o el páncreas. Claro, el PSMB no se ocupa directamente de los nombrados órganos del cuerpo humano, aunque sí, tal como su nombre lo indica, se ocupa de la salud mental barrial, es decir: un plano comunitario de la salud mental, la salud anímica. De allí que hablemos de la Libertad (función del plano anímico/mental de los humanos) y no de cuestiones fisiológicas.

A esta altura aparece un leve temor al escribir esto: el temor a que con la ligereza que a menudo surge en ciertos medios, se diga que el canto de una canción patria sugiere una distorsión político-nacionalista de una tarea en salud que corresponde llevar a cabo en un hospital público con la asepsia del caso, algo que, de hecho, requeriría una suerte de pasteurización del aparato psíquico. Claro, quienes en mi mente aparecen como capaces de decir algo así merecerían venir algún día a una reunión de vecinos del programa en la que se cante el himno pensando con hondura en la letra que se pronuncia. Es muy linda dicha letra y también lo es  la sensación que produce el canto comunitario de una canción que nombra y desea la Salud y la Libertad de todos nosotros. En realidad, me animo a decir que el hecho de cantar el himno tonifica emocionalmente y hace sentir una integración social significativa a personas que muchas veces están bastante disminuidas en su mundo de relación, lo que incide benéficamente en los indicadores de su salud mental.

Recuerdo que en el año 2001, en plena crisis, en el programa se realizó un taller que se llamó “Salud y Potencia Ciudadana”, que fue muy lindo e interesante, a la vez que a muchos tonificó para atravesar los momentos de pánico social que se vivían entonces.

En aquellos días inauguramos la costumbre de cantar el himno meditando su letra mientras lo cantábamos. Los resultados eran de una sensación de pertenencia, de solidaridad y de amor comunitario que fortalecía a los presentes, al punto que muchos manifestaban que gracias a esa experiencia podían llevar adelante sus días sin entrar en el pánico que a tantos dañaba en ese entonces, pánico que era tanto o más pernicioso que el recordado corralito.

Alguien dijo que el deseo de salud es ya salud. El Programa tiene a esa fase como uno de sus puntos de apoyo. El Himno desea la Salud de la comunidad, la Salud de todos, y eso ya es salud. Una salud que vivimos no como final del camino, sino como un lindísimo comienzo. Un deseo inaugural, no un epitafio disfrazado de destino ya escrito.

 

Miguel Espeche