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AUTOGESTIÓN

 Llamamos autogestión a una manera de funcionamiento provisional que tiene un taller ante la ausencia temporal del animador y su ayudante.

La autogestión suele darse, por ejemplo, cuando al coordinador del caso lo agarra una gripe fuerte y al ayudante, ese mismo día, lo deja fuera de circulación algún piquete o la rotura del auto en el camino. En ese caso, el taller funciona igual aún sin la presencia física de quienes lo conducen, de manera tal que son los participantes, ese día  y hora, y en ese lugar, quienes protagonicen la experiencia haciendo....lo que pueden, algo que, en general, no es poco.

 Los acontecimientos que se den en esas circunstancias son variadísimos. Puede que los miembros del grupo digan que  no tiene sentido estar juntos sin su coordinador y se manden a mudar, transparentando el hecho de que la red entre ellos no es demasiado firme y, quizás,  desaprovechando una oportunidad de compartir, por ejemplo, las sensaciones que emergen ante lo inesperado y la responsabilidad de ser parte y no mero espectador del taller.

            También puede ser que los miembros del grupo se pongan a charlar y, al rato, se alegren de saber que pueden sostener algo que, en definitiva, aprecian y que los  hermana a otros, sin tanto énfasis en técnicas, sapiencias cientificistas o sabidurías excelsas. Cada uno pone su partecita en el picnic, y la hora y media de grupo pasa fraternalmente.

Casi siempre es muy interesante lo que ocurre en el taller a posteriori de una situación como esa. Los que no soportan lo inesperado (se enojan por el hecho de que los dioses no respetan siempre su agenda) suelen aprender mucho, al igual que los que ven en el coordinador capacidades sobrehumanas y olvidan las propias y las de sus compañeros. También aparecen los “serruchators”, es decir: los que aprovechan la ausencia del animador para “decir la verdad” justo ese día, obviamente critica sobre el animador; o los que descubren dentro de sí un apetito por mandonear que desconocían antes del momento autogestivo del grupo. Todo eso será un banquete para el taller, una vez que se revise lo ocurrido a la luz de la mirada grupal.

Por otra parte, es también habitual que la autogestión se dé de manera programada (rara vez por más de un mes) por vacaciones de los conductores del grupo (no siempre logramos que las vacaciones del coordinador y el ayudante se den en forma secuencial y no simultanea).

 En esos casos, el coordinador, junto al programa, evalúa cómo está su grupo, la madurez que tiene como para sostenerse durante el período de su ausencia y  la confianza que se ha generado como para dejarlo, o no , en autogestión.

Un lindo ejemplo reciente de lo que puede ocurrir en estos casos es el de un grupo en el que la animadora debió ausentarse durante dos semanas. La coordinadora consideró que el taller podía quedar en autogestión, por lo que dio por hecho que los integrantes del grupo se reunirían en su ausencia allí en donde lo suelen hacer cada semana.

Grande fue su tristeza cuando al retornar se enteró que no le habían dado bolilla. Los miembros del grupo dejaron desierto el lugar del mismo y se fueron de farra a algún lado o se reunieron en el domicilio de alguno.

Claro, el grupo no tenía conciencia de pertenencia a una red que posibilita su existencia. El “amiguismo” de muchos descalifica, por ejemplo, la noción de que todo grupo tiene como potenciales compañeros a los que llegan por primera vez. ¿Qué pasaría con esos potenciales participantes que se arrimaran a un taller “vacío”?, esos vecinos no lo pensaron, olvidaron que el primer día que llegaron había un grupo esperándolos, y prefirieron dejar la “obligación” de estar y cambiarla por una amable reunión de amigos mientras el taller estaba allí, en el lugar de siempre, desierto.

Un grupo del Pirovano es mucho más que un rejunte de gente “amiga”. Es un grupo de vecinos reunidos en derredor de un valor, un principio generoso y responsable que impide, por ejemplo, que un grupo sea sólo visto como lugar en donde “conseguir gente” (en esos casos ocurre una suerte de seducción mutua, que a la corta se vuelve insustancial por lo egoísta).

  Lo que muestra la autogestión, por provisional que sea, es la comprensión que se tiene no sólo de lo que uno recibe sino de lo que uno ofrece a la hora de compartir. En eso sus resultados no son provisionales sino profundos y ofrecen oportunidad para crecer. Esa oportunidad es la que tienen los miembros del taller “desertor” ofrecido como ejemplo, que hoy están mirando la imagen que refleja su acción y, quizás, dándose cuenta de algo a través de ella. A la vez, en el programa nos damos cuenta una y otra vez que no hay Salud sin Solidaridad y que el grupo es  más que un rejunte de gente: es un lugar en donde lo perdurable siempre tiene a la red y al Otro como referente.                                                                           

 

Miguel Espeche