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Jornada de crítica y ética

24 de noviembre de 2001

La situación del país nos duele. Negligencia de la autoridad estatal y descalificación de la población. Gravísimo sistema de empobrecimiento y exclusión.

En esta misma situación tenemos un programa de salud mental barrial. Una respuesta ética para construir la comunidad de personas, un lugar de anhelos y proyectos.

Agradezco la invitación para platicar y aprender unos de otros. Este momento para evaluar y soñar. La invitación es un signo de la trascendencia de cada uno de los participantes del programa.

Es también un homenaje y recuerdo a Carlos Campelo su iniciador. Hoy continúa en sus participantes y en todo el radio de influencias. El, inició con otros el itinerario del aprendizaje en la comunidad. Para esto se dispuso intelectualmente y emocionalmente a desaprender para aprehender. Este aprendizaje en un continuo movimiento dialógico de interacciones con sus pares. Fue así, que se constituyó en autoridad. Su intervención se constituyó en autoridad aprendiendo y educando desde la salud. La persona que aprende es saludable. Se transforma ella y propicia cambios en su entorno. El aprendizaje es un interjuego, como también enseñaba E. Pichón Riviere.

Destacaré algunos aspectos significativos:

a) Programa de salud pública que se hace presente en el vecindario para que los vecinos lo habiten y lo recreen.

b) Programa que abre talleres que hacen a las vivencias de las personas. El deseo es la fuente de las iniciativas de los proyectos y las autocríticas.

c) Programa que desde lo vecinal funda una nueva epistemología y desde esa búsqueda hace ciencia de la salud. Un programa tan científico como popular.

d) Programa que se crea como espacio simbólico y mítico. Un programa saludable y recreativo poblado de historias peregrinas, de mitos y leyendas.

a)El Hospital como institución cobra una significativa capilaridad y presencia entre la vecindad a través de un programa de salud mental barrial. Es decir alcanza su objetivo a partir de su metodología. El contenido de su propuesta está en su metodología. El contenido y la metodología residen en reconocer que somos personas deseantes y así propiciar la participación. La participación es una instancia saludable de creación. Las personas se acercan libremente. Porque quieren y porque desean estar. Ejercen democráticamente sus deseos y encuentran cientos de oportunidades para integrarse y ejercer su libertad. La libertad de elegir y de integrar su elección en tramas de encuentros, experiencias y orientaciones para su vida.

El programa se ubica entre la vecindad y los suburbios que nos habitan como ciudadanos. Allí representa una presencia pedagógica, la de entusiasmar a las personas con la salud, con nuestra salud. El programa invita y desafía a hacernos cargo de nuestra salud, de la personal y de la comunitaria. Cada uno es el programa y cada uno es un hacedor de relaciones saludables. Esto es el ejercicio democrático de la buena vecindad y de la participación en políticas comunitarias de salud. De espacios de inclusión y protagonismo compartido. En el programa se recobra el sentido del poder. Se respira el aire de “tú puedes” “estamos contigo”. "Juntos aunque con diferencias” “ Aquí estamos siendo nosotros”. Un programa de afectividad colectiva, tan gratuito como el amor.

b)Este espacio saludable se construye con inteligencias y sentimientos puestos al servicio de la población. Se ejerce el derecho de vivir. Todos son artífices de su propia historia, cada uno ejerce la autoridad de sus propios deseos. En este sentido es un programa creativo y liberador. Nace tomando la energía del caos y del desorden. La complejidad de la vida social se torna en oportunidad para la imaginación creativa. Con ese dinamismo crean mágicamente cientos de talleres multicolores.

En cada taller los participantes recuperan el color de su propia voz. El tono de su rostro y tienen la oportunidad de descubrir en su/s historia/s los significados de sus opciones, de sus aciertos y errores, de sus penas y alegrías.

Tomar la palabra, escuchar y escucharse en un ámbito de respeto y amor genera una fuerza que llamamos entusiasmo. Palabra que significa "el que tiene a Dios dentro". Las personas que participan tienen entusiasmo por lo que hacen. Por eso lo disfrutan y porque lo disfrutan lo contagian. En los talleres se entretienen.

c) El programa es un encuadre que acoge, brinda cobijo y ayuda al proceso de maduración y emancipación de los participantes. Es un punto de llegada y de partida, un referente para los procesos de las personas y los grupos. Es un espacio de aprendizaje para posesionarse de la propia autoridad de ser uno mismo. De soportarse y de soportar a los demás. La confianza mutua es la amalgama de los vínculos y el sostenimiento ético.

El encuadre es su estructuración interna, los momentos de articulación, las instancias de comunicación, la revisión de las actitudes, la elaboración de los duelos, como también los días fiesta y celebración. El encuadre habilita para la creatividad, que es el sentido de nuestro ser. El encuadre que se internaliza posibilita la articulación y la continuidad.

El programa es popular porque celebra "el haber". No mira lo que falta sino lo que hay, lo que somos y tenemos. Lo doméstico cobra significación institucional. Desde ese lugar crea un proceso de perfectibilidad. No de perfeccionismo. Muchas veces el llamado lenguaje técnico suena perfecto pero poco empapado de constataciones de la realidad.

Es la vivencia y la organización inteligente la que le da una autoridad científica al programa. Es la capacidad de autocrítica de sus miembros como ejercicio de sus libertades y sus deseos la que lo habilita para tornarse en referente institucional.

Miguel en un reciente artículo, relaciona sabiamente ética, salud y libertad. En este sentido el programa y esta jornada de es ética en la medida en que sea saludable y liberadora. Si no es saludable nos tornamos cómplices del poder que domina, manipula y deteriora la integridad de las personas. Esta es nuestra responsabilidad ética. Propiciar la liberación de las personas y los grupos. Ponerle el cuerpo para que sea creada al calor de los afectos y los compromisos de los vínculos amistosos.

d)Este programa como otros (moradores de la plaza, los niños de la calle en Brasil y tantos otros grupos y organizaciones barriales de nuestro país etc) donde se crean vínculos de mutua ayuda, se constituyen en una denuncia a un sistema que prioriza la mercantilización de las personas y sus vínculos.

Un sistema que genera la disociación, el aislamiento, la competencia desmedida, la masificación consumista, la vulneración de la autoestima, la exclusión de los medios de sustentamiento de las familias ya sea en lo laboral, educacional y en la salud. Este sistema empobrece y empuja a los pueblos hacia el abismo de muerte.

Poner en palabras y en acciones nuestra indignación ética es un primer paso para sentirnos vivientes y deseosos de vivir dignamente. La ética mira "el nosotros", la creación de la vivienda común. Necesitamos habitar y cobijarnos. La ética comunitaria parte de que "no soy verdaderamente yo sin los demás". Es más, cl otro está antes que yo. Para alcanzar esta actitud y comportamiento ético debemos estar de pie ante la vida. Dispuestos a vivir saludablemente y superar juntos las adversidades creando dispositivos de integración y promoción de las personas. Este es nuestro deber ético.

La nobleza obliga. La propuesta del programa es tomar el dolor de la indignación ética de nuestro pueblo y construir un imaginario social donde la vida valga la pena ser vivida. Donde no nos quedemos detenidos en las penas. Los escombros son parte de la base de toda nueva edificación.

Cada día los talleres, son una instancia de posibilidades artesanales. De crear palabras que simbolicen experiencias, sentires y saberes . Palabras que son incisivas como bisturís y proclamadoras como megáfonos. Pequeñas palabras que representan profundas experiencias de vida. Palabras que al ser guardadas y recordadas representan el amor cuidadoso de un programa que porque es ético es saludable. Es saludable si está abierto a lo novedoso de cada uno, a las diferencias, a las sorpresas y los riesgos.

Es desde este lugar sapiencial que se aprende. Una aventura tan vulnerable como quien se juega en el amor.

Es desde esta mirada que procura "aprender a saber" que se desactiva el poder que pretende imponerse como hegemónico. Donde unos son los sanos y otros son enfermos. Donde los sanos son los que saben sobre los enfermos. Observados y tratados. Donde se torna necesario negar y escindir la enfermedad como parte de lo común de la vida, aún de la más saludable. El programa es una denuncia a la depositación de la enfermedad en los considerados enfermos y a su vez invisivilizados.

De a poco, el programa desactivó una epistemología instalada en el poder del saber sobre los otros. Este, fuertemente jerarquizado y repartido en compartimentos estancos, las disciplinas.

En el programa va surgiendo una nueva epistemología e inteligencia de las cosas de la vida. Un saber que se crea con lo que todos saben. Donde todos aprenden de todos poniendo en común lo que saben y lo que ignoran. Este nuevo saber es ancestral en la vida del pueblo. El programa al hacerse popular se habilita para descubrir muchos saberes ignorados y por tanto negados. El saber es descubierto en la vida diaria.

De las conversaciones con los coordinadores y las lecturas del material difundido, considero que el saber del programa ayuda a descifrar el sentido simbólico del mundo y de las cosas. Toda persona tiene un significado. Nadie es analfabeto de sus significados. A veces necesitamos de otros para atrevernos a leerlos y asumirlos. Las experiencias cobran significados para transitar la vida con sentido.

El programa es una alternativa en acción, organizada y con experiencia para los vecinos, para las instituciones políticas, socioeconómicas, sanitarias y religiosas.

Es ponderable el espíritu de discernimiento y de humildad en sus autocríticas como ejercicio de la ética de la veracidad. También su actitud de apertura e intercambio con otras instituciones con otros modos de inserción social.

La ética del programa es su punto de partida y su trayecto saludable. La ética comunitaria y liberadora es su espíritu. La transformación social en oportunidades de participación y decisión es un mito a construir que transitamos en el arduo camino de la esperanza. El mito del hombre comunitario, abierto a la vida, a la naturaleza y a Dios.

Nuestra esperanza es posible porque nuestra historia está poblada de testigos generosos en la entrega del día a día. En el anonimato del hogar, en la conversación de la vereda, en el trabajo y el esparcimiento, existen personas que se esfuerzan por llevar una vida simple y comunitaria. La esperanza es posible porque este programa y otros existen y son caminos abiertos a transitar. Gracias.

Emilio Rojo